Esos números no pueden ser

En una conversación de cafetería. En una obra de ficción escrita por alguien sin el menor respeto a la ciencia. En un debate en el que alguien se tira el moco para parecer más convincente. En los periódicos (oh, sí, en los periódicos). O en situaciones como la que comentaba ayer.

En cualquiera de esos lugares -y en bastantes más- de pronto alguien se atreve a dar datos, es decir, a asignar un valor numérico a una entidad. Muchas veces, sin la menor idea, sólo para impresionar o para reafirmar un argumento dudoso. A veces son correctos, a veces no. A veces son relevantes, a veces no. Lo que sí son, casi siempre, es sorprendentes.

En mi opinión, se suelen usar para afectar a nuestras emociones. Por lo tanto, cuanto más chocante nos resulte, más nos merece la pena ponerle atención y tratar de contextualizar. No queremos que nos la metan doblada sólo por incluir unas cifras, ¿o qué?

Es necesario tener algo en lo que basarse para decir “Eh, tio… esos números no pueden ser“.

Mi truco: intentar hacer cálculos parecidos al que comentaba ayer a partir de un puñado de datos contrastados, de alta impepinabilidad, que me sé de memoria.  Ojo, no estoy hablando de  saberse las constantes físicas del universo. Sino, simplemente, unos cuantos números que sirvan para dar contexto y extraer conclusiones razonables. Convertir los números absolutos en relativos. Tener una orientación básica, nada más.

https://www.sallyridescience.com/google_earth_sky/polaris

Foto de Akira Fuji desde http://www.sallyridescience.com

Me he currado una pequeña lista de algunos de los que uso yo. No pretendo ser exhaustivo, ni 100% preciso, ni tener en cuenta todos los detalles de interpretación (que, a veces, los hay). Seguro que me dejo cosas -y agradecería que si alguien hace cosas parecidas me las apuntara en los comentarios-. Pero, en mi caso, me suelen resultar útiles en discusiones de la vida cotidiana estos:

Constantes físicas:

  • Velocidad de la luz en el vacío: 300.000 km/s
  • Velocidad del sonido (en aire): 300 m/s
  • Número de partículas en un mol de sustancia  (normalmente, unas decenas de gramos): 6’02 * 10^23
  • Temperatura mínima, cero absoluto, 0ºK: -273ºC
  • Días de un año: 365’25. Sí, esto lo sabe todo el mundo, pero permite la aproximación rápida de que 1.000 días son ~3 años o que 1.000 al año son ~3 al día (no os creáis, hay a quien le llama la atención).

Geografía:

  • Distancia al sol: 8 minutos-luz
  • Radio de la tierra: 6.370 km
  • Perímetro de la tierra en el ecuador: 40.000km (es decir, lo más lejos que se puede ir son unos 20.000km o ya estás volviendo)
Demografía :
  • Personas en el mundo: 7.000 millones (desde hace poquito, y ojo con este que cambia más rápido de lo que parece).
  • Países significativos (en millones de habitantes): China 1.300 (tal vez 200 más sin censar), India 1.200 , UE 400 , USA 300 , Alemania-Francia-Inglaterra 60 millones, España 40, Grecia-Bulgaria 10.
  • Ciudades (en millones de hab): Tokio 38, Delhi 23, Nueva York 22, Estambul-Paris 10, Londres 8, Madrid 5, Barcelona 4.

Referencias temporales (históricas, prehistóricas, naturales y cosmológicas): 

  • Guerras mundiles: 1917-19 y 1939-45
  • Revoluciones industriales: hace 250 años (la primera) y 150 la segunda.
  • Ilustración: siglos XVII y XVIII (de este y los siguiente conviene saber las implicaciones culturales que tuvieron y saber que hablamos sobre todo de occidente)
  • Renacimiento: siglos XV y XVI
  • Edad media: siglos del V al XV
  • Antiguedad clásica: siglos del VIII A.C. al V D.C.
  • Historia: últimos 5.000 años (llevamos menos historia DC que AC)
  • Neolítico: Hace 10-15.000 años (fin de la última glaciación)
  • Paleolítico: Hace 150.000 años
  • Los dinosarios: Hace decenas de millones de años (jurásico: 65)
  • La vida en la tierra: 3.500 millones de años (vida pluricelular 350)
  • Origen de la tierra: 4.500 millones de años (no tanto tiempo antes)
  • Origen del Universo: 13.000 millones de años (el triple que la tierra)
Dinero:
  • PIB mundial ~75 *10^12 (millones de millones) de $. (15 de la UE, 14 de USA, 10 China, 1’3 España)
  • PIB per cápita y paridad de compra: Luxemburgo 83.000$, USA 42000$, Francia 34.000$, España 32.000$, Argentina 14.000$, Camerún 2.000$, República democrática del Congo 320$ (sí, el dato es tristemente correcto)
  • Plan de rescate estadounidense (02008): 700.000 millones de $ (la mitad del PIB de España)
  • Plan de rescate bancario español (02008): 50.000 millones de €.
  • Un Cristiano Ronaldo: 100 millones de €
  • (Nota para los de nivel experto: Uno se puede volver loco mirando esta infografía del GRAN Randall Munroe).

Dietética:

  • Kilocalorías necesarias para un día: 2.500 hombre adulto, 2000 mujer adulta
  • Kilocalorías por tipo de alimento (por 100gr): Grasas (aceite, blanco del jamón) 900, Hidratos de carbono (pasta, pan, arroz, azucar) 450, Proteinas (carne, pescado, sin grasa) 400, Fibra 0.
  • Tener en cuenta el % de Agua (que tiene 0 kcal) ~70% en carnes y pescados.

¿Y que hago con todo esto?

Pues calcular a lo rápido, suele bastar con aproximar por el “doble” ,”triple”, “quintuple”, “diez veces mayor”. O contando número de ceros (lo que se llaman órdenes de magnitud). Y convertir muchas cosas complicadas en problemas de Fermi.

Espero no haber resultado demasiado obvio. Pero quería compartirlo porque, al menos a mí, me sirve.

¿Debería sorprenderme?

Recuerdo el día que un compañero de trabajo envió un correo sobre el verdadero tamaño de África. El razonamiento está incluido en la figura:

Es decir, que el área de África es más grande que el de USA, Europa occidental, India, Argentina y China juntas.

Ahá. Ya. Muy bien.

Pero, espera, un momento… ¿me estás comparando el tamaño de un continente frente al de varios países? ¿Qué pasa si comparamos continentes con continentes?

Entonces resulta que:

  • Hay 5 continentes (Aunque hay diferentes formas de contabilizarlos, vamos a poner que hay los que aprendimos en la escuela).
  • La superficie de todos ellos juntos es ~150 millones de kilómetros.
  • La superficie de África es de ~30 millones de kilómetros cuadrados.
Es decir, África tiene exactamente la cantidad media de kilómetros cuadrados que tienen los continentes. Ni más ni menos. Luego …¿qué se me quiere decir con esto?
La impresión que tengo, es que quien hiciera esta comparación quería provocar una respuesta emocional a través de los números. Esto es sólo un ejemplo del bombardeo continuo al que somos sometidos cada día de datos descontextualizados o, incluso, anecdatos. Lo que  Jesús Mezo, el editor de Malaprensa son:
“…todos los datos, especialmente, pero no necesariamente numéricos, que a pesar de su precisión y veracidad no quieren decir nada relevante”.
Mañana, comentaré un truquillo rápido para intentar ser razonable, contextualizar y dar la importancia justa y necesaria a este tipo de datos en el día a día.

Un Scoop.it! para El Lento Ahora

Scoop.it! es una herramienta para crear “revistas web” sobre un determinado tema con el mínimo esfuerzo.

Es una forma de compartir contenidos publicados en otros sitios y hacer comentarios al respecto. A estas alturas no es inventar la rueda, desde luego, pero el resultado es bastante atractivo. Queda como una especie de revista apañada y se puede vincular a facebook y twitter.

Aquí la explicación oficial:

Hace un tiempo que, de cuando en cuando, si leo algo interesante sobre el tema “Literatura desde un punto de vista más bien creativo” (y esto va en un sentido muy amplio) lo añado a mi Scoop.it!

Igual os interesa seguirlo. Por otra parte, los contenidos también se republican en la página de facebook y en el twitter de El Lento Ahora, así que como os sea más cómodo.

Si os interesa hacer un Scoop.it! con un tema a vuestra elección os diré que no requiere ni la décima parte de tiempo y esfuerzo que llevar un blog, pero comparte algunas de sus gratificaciones.

Así que ahí os lo dejo. Y en la sección “Creación“, por supuesto.

Prestigio ciego

Cuando estaba en el instituto, un 14 de febrero aparecieron varias hojas misteriosas en los pupitres de la gente. Todas con el mismo texto. Lo rescaté. Era éste:

Si alguien me hubiera dicho

 Si alguna vez pudieras
haberme dicho lo que no dijiste.
En esta noche casi perfecta, junto a la bóveda,
en esta noche fresca de verano.
Cuando la luna ha ardido;
quemóse la cuadriga; se hundió el astro.
Y en el cielo nocturno, cuajado de livideces huecas,
no hay sino dolor,
pues hay memoria, y soledad, y el olvido.
Y hasta las hojas reflejadas caen. Se caen, y duran. Viven.

A mis dieciséis, habiendo escrito ya unos cinco poemas y leído -por lo menos- cuatro libros, reconozco que cogí el poema con ganas de descuartizar el texto. Pensé que lo habría escrito algún compañero de clase y que sería malo. La primera vez no vi muy bien por dónde pegarle. Lo volví a leer. Me gustaba la mierda esa de la bóveda. A la tercera, ¡vaya frase, carajo! “no hay sino dolor, pues hay memoria“. Con un poco de vergüenza tuve que admitir, cuando me preguntaron, que el que había escrito eso algo sabía.

Resultó ser de Vicente Aleixandre.  Más vale que no se me ocurrió ponerme bravucón contra el texto …pensé entonces.

Hace pocos días, una amiga me envía por correo un pequeño relato, casi prosa poética y me pide su opinión. Lo leo dos o tres veces y, pese a algunos méritos incuestionables, llego a la conclusión de que no me gusta. Como es corto, lo critico a la manera de los talleres. Voy por los párrafos. Éxito en verde, comentario en azul, fallo en rojo. Todo ello, por supuesto, desde mi criterio personal. Hay mucho de cada uno de los colores. Pero incluyo sin demasiados reparos expresiones como “¡¡¡Catástrofe!!!” o “Fail total“.

Mi amiga me contesta sorprendidísima. ¡Que es de Eduardo Galeano!

Yo repaso el texto, vuelvo a mirar, a ver si me he dejado cosas y… qué le voy a hacer. O me estoy dejando algo muy gordo, o me falta el contexto de esa historia, o alguna clave de lectura …o no me vale. Sinceramente, creo que hay méritos, sí, pero también errores de principiante.

El señor Galeano es un escritor de reconocimiento internacional. Le he leído cosas que me han aportado (incluyendo el texto en cuestión) y sé que lo valora gente inteligente, sensible y leída.  Yo, soy un mindundi. Pero considero que tengo razones de peso para decir que ese texto falla. Y ya está. Y no me callo.

Ese efecto halo que tienen los nombres no surte ningún efecto cuando uno se enfrenta a las palabras desnudas.

Arrancar las tapas de los libros. Atribuir cualquier obra a cualquier autor.  Pensar que todo lo ha escrito nuestro vecino del quinto. O que Pierre Menard mejoró el Quijote.

Quién sabe. Quizá sea un ejercicio a realizar de cuando en cuando…

Ciclos

No le apetecía. Pero la insistencia de sus amigas, las de aquel momento concreto de su vida, le hicieron salir de cena aquella noche. Contra todo pronóstico, se lo pasó bien. Así se lo dijo a su hija, a mi amiga, al llegar a casa de madrugada: “Lo he pasado bien“. Entonces, de pronto, darse cuenta y la tensión en la garganta, el estremecimiento, echarse a llorar. Por haberlo pasado bien.  A pesar de que ya hacía más de un año de viuda.

 Foto de Thomas Hoepker

Un grupo de jóvenes se reúne a mirar la mayor catástrofe en la historia de su ciudad. La foto es extraordinaria, precisamente, porque parece que no va con ellos. Por eso el fotógrafo duda y no se atreve a publicarla. En una sociedad conmocionada el tono es hasta impúdico. Cinco años después ve la luz, parece ser que de manera involuntaria,  y no falta quien se escandaliza. ¿Cómo pueden estar tranquilos, conversando, como si fuera un día de sus vidas? Ellos se excusan, estábamos en un profundo estado de shock y descreimiento, declaran a la prensa.

Pero, aunque no fuera así, ¿se les puede juzgar?

Porque la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, dice el poeta. Pero que el tiempo pase y la vida siga es, tal vez, la crueldad más razonable. La más necesaria. Hoy que se tiene tan presente todo aquello de la eternidad del  instante, quizá no esté de más recordar la instantaneidad de lo eterno. De los ciclos que siguen, del fluir constante, del que todo cambie para que todo siga igual y de los elementos nuevos en los patrones viejos.

La sabiduría debe ser entender eso. Integrarlo de manera profunda.

Algo así ha de ser lo que se celebra esta noche. Otra vuelta más y de nuevo al bucle. Aunque no esté de más recordar que, lo de hoy, es sólo otro consenso. Existe toda opción en cuanto referencias y medidas. Es posible hacerlas propias, a escala humana, individual o compartida.

Establecer el momento en que, de nuevo, comience todo.

Mentir y engañar

El libro no lo leí yo, lo llevaba en la mochila la compañera de laboratorio y se  notaba que lo estaba disfrutando muchísimo. Me enseñó su último hallazgo, un párrafo del que recuerdo solo una frase: “El buen escritor miente, pero nunca engaña”.

Algo me debió significar la frase, porque fue cogiendo fuerza con el tiempo en mi discurso, en mi forma de entender todo esto de escribir. Porque hoy, años después, cuando ni siquiera google me ayuda a atribuir la frase a su legítimo dueño, sigue viniéndome mucho a la cabeza.

Mentir y engañar, según la RAE, tienen cada una varias acepciones, algunas con sentidos bastante parecidos. Así que puede que la frase original no fuera del todo acertada. Pero, tal y como la entiendo, lo que quiere decir es que el buen escritor, no diciendo la verdad -bien porque imagine, invente, o ficcione- es capaz de transmitir una realidad de fondo. Es honesto. No quiere engañar, no quiere “inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es“.

Desde http://blogs.publico.es/medina/246/trilero/

A la mala escritura -me niego a llamar a alguien “mal escritor”, prefiero quedarme con el acto que con la persona-  a menudo se la reconoce por intentar proyectar una imagen. Convencer al mundo de lo elevado de unos sentimientos, de una profunda desesperación existencial, de blancos o negros sin matices. La mala escritura tiene que servirse de imposturas porque escribe para obtener algo. Y por eso la que es “comprometida” me resulta casi siempre decepcionante. Incluso cuando comulgando con sus ideas siento rechazo por el método, por el adoctrinamiento, por la seducción y la parcialidad.

Por eso la peor de las escrituras suele parecerme la del mundo del marketing y del comercio. Porque su naturaleza sería exactamente la opuesta a la del buen escritor: “El escritor comercial engaña, pero nunca miente”. No puede faltar a la verdad, porque entonces sus potenciales clientes pueden enfadarse y mucho. Perder la confianza. Emprender acciones legales.  Sin embargo se pretende, mediante verdades selectivas, hacer que el interlocutor se forme ideas por su cuenta. Llevarle a pensar, pero sin decirle. “Ah, ¿de verdad? ¿entendió usted eso? Pero si yo nunca dije… Mire, mire… aquí está escrito. Vaya… veremos cómo podemos solucionarlo. Tal vez adquiriendo además…

Familias – versión Teatro – Released!

Un día, hace años, te cuentan una historia que no consigues sacarte de la cabeza. Una “bomba de neutrones” que dijo aquel.

Tienes tiempo, y decides probarte. Decides que quieres saber hasta dónde llegas como escritor.

Pones toda la carne en el asador. Dedicas enfermizamente tus horas de vigilia a un proyecto y su resultado es… un relato desigual. Recibes alabanzas y críticas, muy intensas, a partes iguales. Sabes que todos tienen razón. Que hay cosas que funcionan y otras que no.

Pasan los años.

 
“Madre e hijo” de Gebre Kristos, 1966, Etiopía

Te interesa la escritura teatral, y haces lo posible por aprender de distintos maestros de dramaturgia. Te fijas mucho cuando vas al teatro. Comienzas a ser capaz de utilizar otros lenguajes, otros códigos.

Y, un buen día, decides aplicarlo todo a aquel relato.

Entonces resulta que muchas cosas que en su momento no lo hacían, comienzan a funcionar. Los recursos escénicos te permiten ciertas sutilezas, idas y venidas que, como relato, no habías sido capaz de dejar claras. Acabas introduciendo personajes y escenas. Repeticiones y desórdenes.  Luces de colores. Ambigüedades. Efectos de sonido. Variables anómalas.

Estás seguro de que el resultado es indiscutiblemente superior.

Por fin, presentas:

Familias, versión teatro

Una historia sobre cómo cambia nuestra vida cambia cuando nos la narramos.

Los peligros de estudiar álgebra

Un día, el profesor de álgebra nos contó una anécdota de cuando él mismo estudiaba. Durante una clase, mientras copiaba uno de los pasos de una demostración, escribió “<expresión matemática 1> y, como es evidente, llegamos a <expresión matemática 2>.

Un atento estudiante de la primera fila levantó la mano. “Perdone, usted dice que es evidente, pero… yo no lo veo”. El profesor mira lo que acaba de escribir. Se queda en silencio unos segundos y tiene que reconocer que él tampoco lo ve. “Discúlpenme un momento”, dice, y se va del aula.

Los alumnos se quedan entre divertidos y desconcertados unos diez minutos. Finalmente, el profesor vuelve. Con una sonrisa les dice: “Es evidente“. Y continúa con la demostración.

Pero tenía razón.

Que algo sea evidente, en ese contexto, significa que no hay pasos intermedios. Que de lo uno se deduce lo otro. No significa que sea fácil, ni obvio para todo el mundo. Sencillamente, es así.

Esto es sólo un ejemplo de los peligros que conlleva estudiar demasiadas matemáticas. A través de la pura lógica, incluso la belleza, de las ecuaciones y las abstracciones formales, uno puede convertirse en un auténtico inadaptado social.

El álgebra fue, probablemente, la asignatura que más esfuerzo me llevó aprobar. También la que me imprimió un cambio más profundo en mi manera de ser y razonar. Creo que por eso es de las cosas que mejor aprendí en la carrera.

Recuerdo cuando estaba en uno de aquellos procesos de inmersión completa durante una época de exámenes. Cuando vivía en las ecuaciones desde la mañana hasta la noche. Cuando mis amigos me decían que hablaba “raro” por lo “extremadamente lógico de mis argumentos”. Un día me encontré con una pintada en la pared: “Dispersión = Vulneración de los derechos humanos”.

Estoy seguro de que, ante esa pintada, reivindicativa de la situación de los presos de ETA, cualquier persona tiene una reacción meramente emocional. Según su ideología, hará un juicio moral en un sentido u otro. Seguramente, además, para cabrearle.

No fue mi caso. Lo único que yo pensé fue: “Incorrecto. En todo caso, es un contenido estricto. No están doblemente contenidos. Por tanto, no es una igualdad“.

Sí, estaba enfermo.

Nunca pongas más interés que el interesado

Hoy toca un post de esos en los que os intento convencer de que me tengo que contener para no ser taaan buena gente. ¿No os lo creéis, no? Sí, lo entiendo. Pero me explico…

Esto nos ha pasado a todos. Un buen día un conocido, la “prima de”, uno al que conociste en una fiesta o a quien llamabas amigo tiempo atrás te llama por teléfono. Probablemente, hasta te hace ilusión escucharle…

- ¡Eh, joe, cuánto tiempo! ¿Qué tal? ¿Dónde paras?

…pero algo experiencia te dice que…

- Nada, tío. Todo bien por aquí. ¿A ti qué tal te va?

- Bien, muy bien, sí. Oye ¿le sigues dando a la tecla?

…y en efecto:

- Es que quería pedirte un favor.

Y, oye, hasta aquí todo bien.

Lo de los favores es algo que todos hacemos y pedimos. Lo normal es que ambas partes salgan ganando. Diría, incluso, que es de las cosas que me despiertan un poco de esperanza en el ser humano. Personas que se ayudan, en tareas a veces duras y sacrificadas, por el amor al arte. Rechazando, sistemáticamente, cualquier tipo de pago por ellas. ¡Cómo somos los monicos, hoygan!

De hecho, soy tan fan de los favores que he tenido que ponerme una norma al respecto. (¿Los talladores de la piedra?, por favor, pasen pasen):

Nunca pongas más interés que el interesado

Es algo que me ha costado bastante aprender, pero que os dejo de regalo. Enrollao que es uno.

La idea: No permitir que el ayudado se desentienda por completo del favor. No tomar iniciativas que pueden y deben salir del otro. No estresarse mientras el otro se va de cañas.

Para qué sirve: Principalmente, para evitar malos rollos, sentirse estúpido y que se le quiten a uno las ganas de echar un cable al siguiente en venir.  Si no se tiene esto claro, puedes acabar metiendo horas, llamando -e insistiendo- al teléfono, haciendo trámites y aplazando planes que te pueden apetecer más …para hacerle un favor a alguien que quizá no sepa lo que cuesta realmente. Puede ocurrir que no se lo esté currando lo más mínimo, que se le ha olvidado lo que te pidió o que lo haya conseguido de otra manera.

Cómo se aplicaFásil, niños. Involucrando al ayudado. Porque no siempre es que el otro pase o tenga mala intención. La mayoría de las veces es pura inconsciencia, desconocimiento del esfuerzo que conlleva. Dependiendo del caso, puede hacerse de muchas maneras:

  • Pasar las horas que cueste hacer la tarea juntos. Aunque la otra persona no te pueda ayudar gran cosa, aunque te dé conversación y hasta te entretenga, al menos tomará consciencia de lo que cuesta.
  • Que te haga los trámites previos. Recopilar la información, los materiales, los contactos… lo que sea necesario como materia prima.
  • Que tome la iniciativa. Que te diga cuándo os vais a juntar para el favor y con tiempo suficiente para no estresar innecesariamente (es verdad que esto a veces es difícil).
  • Otro tipo de cosas, como que traiga la merienda, te invite a unas cañas o cenar… Pueden estar hasta bonitas. Pero si es sólo es eso, la otra persona no aprenderá realmente lo que cuesta lo que te estaba pidiendo. Así que no basta.
Y no lo entendáis mal. No es un “algo a cambio”. Seguramente lo que tú aportes valga más, esté descompensado a tu favor (por eso te lo pide). Pero sirve para que la otra persona entienda, se haga cargo de lo que te está pidiendo. Porque lo puedes hacer. Y de mil amores. Pero el otro ha  de saber que lo que pide tiene un coste.

Nadie con una actitud honesta debería molestarse por ello, ¿verdad?…

Alternativas a la democracia (y III)

Hasta ahora, he presentado algunas posibilidades sobre cómo se puede mejorar el sistema.

Sin embargo, en mi opinión,  la clave no estará nunca realmente el uso de ningún sistema democrático en concreto, ni en la forma de votar, ni de establecer los recuentos, ni los apoyos, ni las leyes, ni las instituciones. Siempre que se garantice que el poder está en el pueblo, habrá democracia (claro que hay quien cuestiona que así sea).

Para mí, el concepto mucho más de fondo. Quizá la mayor farsa de nuestro sistema es la creencia, totalmente extendida y profundamente arraigada de que este sistema nuestro, con sus imperfecciones, nos hace libres porque nos permite elegir.

Y no es así. Una persona no es libre porque pueda elegir.  Una persona es libre porque sabe en qué basarse para elegir. Sin la visión, el conocimiento, el entendimiento de las consecuencias e implicaciones de sus acciones… ¿qué valor pueden tener sus decisiones?

 ¿Y si Morfeo no le hubiese explicado a Neo los efectos de cada pastilla?
(Nota: Cualquier parecido de los colores con otros de la realidad es por pura coincidencia. ;) )

Estoy seguro de que esto lo ha dicho mucha gente antes que yo y, ahora mismo, no sé cuales son las fuentes primarias (lo menos Sócrates). Pero mientras me documentaba para escribir este artículo me encontré con un documento (uno de tantos, supongo) escrito por una tal Marta Fraile de la Universidad de la Rioja (si a alguien le parece que no es una fuente con glamour suficiente, diré que parece que va bastante en la línea de lo que dijo este otro señor, James Fearon, que es de Stanford -la universidad de Steve Jobs-. ¿A que ahora sí que mola? ;) ).

El documento se llama “La influencia del conocimiento político en las intenciones de voto“. Habla de las dos formas principales que usa le gente para decidir su voto:

  • El “ideológico“: Es decir, según percepción del mundo. (Estos deben ser los que votan “a los de siempre”)
  • Otro es “por rendimientos“:  Es decir, en función del bienestar que le ha proporcionado o cree que le debe proporcionar un gobierno. (Algunos de estos deben de ser “los indecisos”)

Entre las conclusiones que saca dice cosas como:

  • El conocimiento político tiene un papel relevante en las reglas de decisión de voto de los electores.
  • La predisposición a usar  la lógica de voto por rendimientos es mayor conforme mayor sea el nivel de conocimiento político de los ciudadanos.
  • A niveles bajos de entendimiento de la política por parte de los ciudadanos, se votará por ideología en lugar de por control de los rendimientos.
  • Hay evidencia (aunque poca) de que los resultados de las elecciones podrían ser muy distintos si el electorado actuara con un alto nivel de información y conocimiento sobre la política.

La idea con la que me quedo yo al respecto es que, al final, sólo hay una manera de ejercer nuestra libertad, realmente y como pueblo: a través del conocimiento.

Y eso cuesta.

Vaya que si cuesta.

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